Cuando Morriña se dice Ostalgie…

…El presente se presenta negro, el futuro se llama Socialismo

 

¡¡Vaya título se ha marcado el autor!!, estará pensando el lector. Comenzaremos aclarándolo: Ostalgie hace referencia a un sentimiento que esta surgiendo cada vez con más fuerza en lo que otrora fuera la República Democrática Alemana. Se podría resumir en el titular que la empresa de “información” El País emitía el 28-VIII-2004: “La mayoría de los alemanes del Este recela de la democracia y añora el comunismo” a pesar de su sensacionalismo, las conclusiones son bastante reveladoras.
Lejos de apreciaciones nostálgicas lo que pretendemos desarrollar en estas líneas es un análisis sobre si la clase trabajadora siguiendo el curso del desarrollo histórico alcanzará el poder o por el contrario la caída de la URSS supuso el fracaso del comunismo y el fin de la historia.
El siglo XX comenzó con la revolución bolchevique en los territorios de lo que luego sería la URSS, primer momento histórico (a excepción del breve lapso de la Comuna de Paris) en el que los trabajadores como clase alcanzaban el poder. A lo largo de este siglo prosiguieron una serie de revoluciones triunfantes que liberaron a un tercio de la humanidad del capitalismo.

Cuando cae la Unión Soviética y el campo Socialista Europeo, un capitalismo crecido (pero aun receloso de los logros del otro modelo de sociedad) decretó el fin del comunismo y el fin de la historia. Ya analizábamos que esto se desprendía más de una ofensiva ideológica, que de un análisis científico de las leyes del desarrollo social. En los últimos meses, coincidiendo con el XX aniversario de la caída del muro, un capitalismo que atraviesa una de las crisis más importantes de su historia, ha recrudecido, aun más si cabe, esta ofensiva, a la que no han dudado en sumarse sus intelectuales orgánicos.

Su función es clara y la misma que a lo largo de la historia del capitalismo: la desarticulación del movimiento obrero, tanto desde el punto de vista organizativo como ideológico Para ello no dudan hasta en tergiversar la historia, por ejemplo minimizando el papel decisivo que tuvo la Unión Soviética en la II Guerra Mundial, llegando a extremos de insinuar su culpabilidad en el comienzo.

Recientemente hemos visto y oído en TV, radio prensa, internet hasta la saciedad la conclusión a la que intelectuales, periodistas y comentaristas de medio pelo llegaban: la caída del muro ha demostrado el fracaso político del comunismo

Si bien, si nos fijamos un poco en este análisis veremos que esta viciado, pues lo que cayó no fue el comunismo sino una serie de sistemas que a partir del segundo lustro de los años 50 del siglo pasado (a raíz del XX Congreso del PCUS) se fueron alejando del análisis científico de la realidad (revisionismo), creando el germen de su autodestrucción. Lo que están analizando es el fracaso de una experiencia concreta, que no se puede extrapolar a la totalidad. Por tanto la conclusión no es científica ni neutra sino que responde a unos intereses determinados.

Otra idea repetida hasta la saciedad, es que el Socialismo y la economía fracasaron como modelo. Ya lo decía Goebbels (jefe de propaganda nazi) “miente, miente, que algo siempre quedará”.

En primer lugar hay que decir que la mayoría de los países del campo socialista europeo se construyeron en unas condiciones muy difíciles, a la salida de una guerra (la I Guerra Mundial para la URSS –tras la cual comenzó una guerra civil en la que 14 potencias extranjeras atacaron a la joven nación- y la II Guerra Mundial para el resto). Esto no impidió que en un breve periodo de tiempo se consiguiera que estados semi-feudales pasaran a ser primeras potencias mundiales.

Los indicadores económicos (industriales, consumo, renta nacional, etc.) y sociales (sanidad, educación, trabajo o servicios sociales) conseguidos por las naciones socialistas niegan estas acusaciones. Una buena prueba de lo que ha supuesto el retroceso momentáneo del Socialismo, nos la da Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, cuando tan solo 8 años después de la caída de la URSS afirmaba lo siguiente: “El paso de una economía planificada a la economía de mercado ha sido acompañada de grandes cambios en la repartición de la riqueza nacional y del bienestar. Las cifras muestran que son los cambios más rápidos jamás registrados. Esto es dramático y ha acarreado un costo humano elevado.” PNUD, Informe sobre la evolución de la humanidad, 1999.

El materialismo histórico descubrió las leyes del desarrollo social, por las que cada formación histórica ha creado las condiciones objetivas para ser sustituida por otro. Cuando las relaciones de producción se convierten en un freno para el desarrollo de las fuerzas productivas (entran en contradicción) se hace necesario su sustitución por otro nuevo. En las sociedades clasistas, como el capitalismo o precedentes esto ha sido el resultado de la agudización de la lucha de clases. Hasta ahora la historia lo ha comprobado. Pero…Quiere decir esto que los trabajadores van a conseguir y el Socialismo es inevitable? ¿Acaso esto no es determinista?

Que nos responda Marta Harnecker: “los intereses de la clase obrera coinciden con el curso objetivo del desarrollo histórico y al ser la clase consecuentemente revolucionaria, su interés está ligado al conocimiento objetivo de los hechos.

Por otro lado, en el marxismo se unen ciencia y acción práctica. Esta unión dialéctica entre la teoría y la práctica (llamada praxis) es la verdadera superioridad de
los comunistas sobre sus enemigos de clase, ya que “la verdad es revolucionaria” y se comprueba en la práctica. Dicho de otra manera, el curso natural de la historia
está de nuestro lado y en la medida en que sepamos conocer la realidad y poner en práctica acciones consecuentes a esta realidad, seremos capaces de acelerar
la llegada de la sociedad comunista. Sin embargo, el materialismo histórico no es algo ni acabado ni invariable, sino que se desarrolla y enriquece con cada nueva experiencia en la lucha de clases”.

El retroceso momentáneo del Socialismo en buena parte del planeta no supone el fin para las aspiraciones de los trabajadores, ha sido simplemente un reflujo, como el que se dio en la Comuna de París. ¿Acaso la burguesía conquistó el poder a la primera? La reacción absolutista tras el trienio liberal en España (1820-23) ¿hizo que la burguesía no alcanzara el poder?

Citando al profesor universitario Carlos Hermida Revillas: “Una vez más el rigor científico se sustituye por la propaganda, tratando de crear confusión mediante la conocida fórmula de amalgamar elementos diversos y contradictorios para extraer conclusiones que distorsionan y falsean la realidad”

La historia nos ofrece experiencias muy ricas de las que aprender, para no creer que una circunstancia coyuntural ha de ser considerada una elemento definitivo. Lo que hay que sacar es lecciones el marxismo no es una ciencia muerta y se va construyendo.

Por lo ya mencionado en estos tres artículos y sin haber agotado el tema, ni mucho menos, terminamos exhortando al lector a una pregunta: El retroceso momentáneo del Socialismo ¿supone el fin de la historia?